jueves, 17 de julio de 2008

La ley de consulta (6)


Tras la muerte de Franco, se plantean dos vías hacia la restauración de un régimen democrático: la ruptura o la reforma. Es decir, se rompía con el régimen político instaurado por Franco a partir del triunfo del golpe de estado de 1936 (y que iba ganado terreno a medida que los facciosos iban ocupando territorio) o, simplemente, se reformaba desde dentro.

En 1975, el franquismo estaba muy tocado. A la enfermedad del dictador, había que unir un creciente desprestigio internacional tras los fusilamientos de antifranquistas y, a un Ejército (esencia del régimen) que había hecho el más espantoso en el Sahara (había salido corriendo perseguido por la “marcha verde” (civiles desarmados) de Hassan II, rey de Marruecos.

Por otro lado, el primer Gobierno de la Monarquía presidido por Carlos Arias Navarro (conocido como “carnicerito de Málaga” por su actuación con fiscal militar en aquella ciudad durante los días de la guerra civil) demostró que no era posible un franquismo sin Franco. Fraga Iribarne, ministro de Gobernación (Interior) de Arias fue el responsable político de algunos de los episodios represivos más graves de este periodo (como las matanzas de Vitoria y Montejurra).

El 15 de junio de 1977, finalmente, se celebraron las elecciones generales. Es cierto que no se produjeron en condiciones plenamente democráticas y que muchas instituciones franquistas (ayuntamientos y diputaciones) continuaron durante dos años más, pero esta fecha puede considerarse como el final de la dictadura.

Se produjeron algunas sorpresas: el PNV se había convertido en la fuerza más votada en lo que, luego, será la CAPV. La fuerzas procedentes del franquismo (UCD+PP) apenas superaron el 16 por ciento, mientras que el PCE no llegaba al 5. El PSOE se convirtió en la segunda fuerza política. La izquierda abertzale, convencida de que iba a ocupar el espacio del PNV, sufrió un severo correctivo. Algunos partidos, como el histórico ANV o Euskal Sozialista Biltzarrea (ESB)desaparecieron del mapa. Los “milis” y EHAS no solo fracasaron radicalmente en su intento de boicotear los comicios sino que quedarán al margen del proceso político.

En aquellos comicios, los no nacionalistas (UCD+AP+PSOE+PCE) superaron el 50 por ciento de los votos. Sumaban la izquierda y los franquistas reformistas/reformados (UCD+AP). En este marco, se produjo el primer pacto para evitar que el PNV presidiese un organismo aconstitucional sin apenas competencias que debía gestionar la preautonomía. En buena lid y dado que se trataba de un organismo de concentración, lo lógico es que lo presidiese el candidato de la fuerza más votada. En este caso, el PNV que había obtenido 296.193 votos, el 28,61 %, y la segunda fuerza, el PSOE, 267.897 y el 25,88 %. Y, aunque el PSOE mantenía un pacto con el PNV (frente autonómico), no dudó en pactar con los de UCD para conseguir que su candidato, Ramón Rubial presidiese tal organismo. Y así fue. La elección de Rubial, al margen de cualquier otra consideración (nadie duda de la condición de figura excepcional de Rubial), supone una clara advertencia para el futuro: el poder es el objetivo, no la trasversalidad.

A partir de este asunto comenzó a elaborarse una teoría que, pasados los años, se convertiría en una especie de verdad revelada. La historia finalizaba más o menos en que, como los nacionalistas no querían entregar la legitimidad del Gobierno vasco exiliado a Rubial, esperaron para hacerlo a Garaikoetxea (o algo así). Nunca se cuenta que, en 1979, Carlos Garaikoetxea resultó elegido presidente del Consejo General Vasco y que, entonces, Leizaola tampoco le entregó el poder, solo lo hizo cuando, un año más tarde, el mismo Garaikoetxea resultó elegido presidente del Gobierno vasco(sobre este asunto ver, por ejemplo, José Ramón Recalde, Fe de vida. Memorias,pp.265-266).

La transición comienza, pues, para el Partido Nacionalista Vasco encorsetado en una pinza que buscan su, por lo menos, desplazamiento a un segundo plano sin incidencia. Un diente de la pinza es el mundo "mili" que nunca perdonó que los jeltzales rechazasen la aventura de Chiberta. En el otro, el PSOE que, a partir de aquel momento, se instala (con respecto a los viejos socios nacionalistas) en la estrategia del palo y la zanahoria.

viernes, 11 de julio de 2008

Comienzan las encuestas

Si se cumpliesen las previsiones de Paco Llera y su Euskobarómetro, un frente constitucionalista (el lo bautiza ahora como “autonomista”) sustituiría al “tripartito” al frente del Gobierno vasco. Como señalaba el periodista Justino Sinova, ha llegado el momento de echar a los nacionalistas de las instituciones. Para este periodista de El Mundo la ocupación de los constitucionalistas del Gobierno serviría para “limpiar” (sic) todas las instituciones de nacionalistas.

Llera, además, ya ha encontrado, además, una fórmula de Gobierno que él califica “a la navarra”. Es decir, en este caso, el PP, desde fuera, permitiría gobernar al PSOE. La Comunidad Foral de Navarra por la Comunidad Autónoma del País Vasco: do ut des.

Que nadie dude que, si gana el frente constitucionalista (llamemos a cada cosa por su nombre), no solo se va a producir esa “limpieza” a la que se refiere Sinova, sino que, de forma inmediata, se van a frenar en seco los grandes proyectos pensados en paliar la grave crisis económica (que, en su versión celtibérica es responsabilidad directísima del PP y del PSOE). La razón de ese frenazo es que no se podrían establecer agravios comparativos con “otras regiones”. Y, con ello, todo lo que afecta, a las infraestructuras (ya sabemos lo que piensan el PSOE y el PP del Guggenhein de Urdaibai) y, desde luego, al euskera y la cultura vasca (algunos medios de comunicación en euskara, como Berria, tendría los días contados).

A punto de cumplirse 30 años de la aprobación del Estatuto de Autonomía, esta norma (la ley orgánica 3/1979) sigue sin cumplirse en apartados esenciales (como la Seguridad Social y la investigación científico técnica) y los responsables de estos incumplimientos (de materias esenciales para el bienestar de los vascos) son, precisamente, esos a quienes el profesor Llera llama “autonomistas”. ¿En qué quedaría el Estatuto de Gernika en manos de estos “autonomistas”?.

Sin embargo, hay un dato que el profesor Llera no tiene en cuenta y es la situación grave situación económica con un IPC desbocado (que, hasta la fecha, el Gobierno socialista es incapaz de manejar) y la situación de debilidad real en las Cortes. José Luis Rodríguez Zapatero va a tener que conseguir un alto precio (seguramente al CiU) si quiere aprobar los Presupuestos Generales del Estado. En próximo mes de marzo, los vascos deberá optar (una vez más) entre el bienestar (que es lo que ha garantizada la gestión nacionalista) y la “limpieza” ideológica que ya propugnan los medios “constitucionalistas”.

Por otro lado, si seguimos haciendo caso a la encuesta de Llera, vemos algo interesante. El PNV obtendría en Bizkaia el 38 por ciento de los votos, muy cerca del 41 por ciento que consiguió José Luis Bilbao en las últimas elecciones forales. Parece claro que es, precisamente en Bizkaia, puede frenar el avance del PSOE. También parece claro que, en Gipuzkoa, el entorno de la autodenominada “izquierda abertzale” tendría mucho que perder si no gana el PNV. Araba siempre es una incógnita. Otra incógnita: ¿se presentarían en coalición EA y Aralar?. Si lo hiciesen, podría conseguir entre 3 y 5 escaños más de los que les da la encuesta.

miércoles, 9 de julio de 2008

La ley de consulta (5)


Siempre he pensado en cómo sería la cara de los comunistas vascos cuando la noche del 15 de junio de 1977 terminaron el recuento de los votos y comprobaron que su representación en Euzkadi era insignificante en comparación con las demás fuerzas históricas. Su debacle electoral solo era comparable a la de Acción Nacionalista Vasca. La relación del PCE con las demás fuerzas antifranquistas vascas estuvo, durante los años de la dictadura, llena de altibajos y controversias.

En 1937, retiró a su representante en el Gobierno vasco, Juan Astigarrabia, al considerar que este se había “vendido” a los nacionalistas. Patrocinadores del Gobierno de Negrín, enfrentado a Indalecio Prieto, se convirtieron en los apestados del exilio republicano tras la firma del pacto Hitler-Stalin. El asesinato de algunos exiliados que no quisieron incorporarse a las unidades de guerrilleros de la Unión Nacional dio lugar a no pocas tensiones.

La unidad se restableció de forma efímera en 1946 que es cuando Leandro Carro entró en el Gobierno. Los avatares de la guerra fría (y la desaparición de fondos destinados a las familias de los huelguistas de 1947), a propuesta del PSOE, propiciaron la salida de los comunistas del Gobierno Vasco en el exilio.

A finales de la década de los 1950 y principios de los 1960, los comunistas participaron en el nacimiento de las comisiones obreras y, asimismo, mantuvieron relaciones con ETA. Militantes de esta última organización acabaron ingresando en el PCE. En 1975, el PCE-EPK (que acababa de celebrar su II Congreso) impulsó la Asamblea Democrática de Euskadi (reflejo de la Junta Democrática) a la que solo se sumaron pequeñas organizaciones de izquierda (ver Carlos Alonso Zaldívar, Notas sobre el Partido Comunista de Euskadi).

A pesar del protagonismo de otros tiempos, la ciudadanía vasca marginó a los comunistas del nuevo período. Muchos de sus dirigentes y militantes acabaron ingresando en otras fuerzas políticas: desde Euskadiko Ezkerra o el PNV, pasando por HB o el PSOE (como Txarli Prieto), hasta el PP (a donde llegaron a través de las plataformas antinacionalistas montadas y financiadas por Jaime Mayor Oreja). Así, por ejemplo, Vidal de Nicolás, autor de una famosa “Oda a Lenin” (que llegó a ser traducida al euskera por Jon Juaristi).

Algo parecido ocurrió con la mayor parte de las organizaciones de izquierda (algunas de ellas escisiones de ETA) que, a partir de 1977, o desaparecieron o iniciaron un proceso irreversible de disolución.

lunes, 7 de julio de 2008

La ley de consulta (4)


A finales de la década de los 1950, había nacido ETA, decían que como una respuesta a la “inactividad” del PNV. En la III Asamblea de ETA celebrada en 1964 se aprobó el siguiente texto.: “PNV. Se aprueba unánimemente que la labor del PNV es contraria a los intereses de la liberación nacional. Se aprueba, por tanto, ir a su destrucción. Tácticas diversas”.

Es cierto que, a lo largo de los años, se suceden los intentos –de forma directa o indirecta- de formar un Frente Nacional, auspiciado, fundamentalmente, por Jagi-jagi, al que se suma ETA como adherente o como protagonista en determinados momentos. Juan de Ajuriaguerra nunca se fió de de este tipo de “frentes” y, durante los días en que se gestaron, se produjeron no pocas polémicas en las que participaron, entre otros, Manuel de Irujo o Manu Robles Arangiz.

En 1977, Telesforo de Monzón (que acababa de ser expulsado del PNV: para ser exactos “dado de baja”) y ETA militar realizaron el último intento. Convocaron a todas las fuerzas políticas y sindicales vascas y al Partido Carlista a una reunión en el camping de Chiberta, cerca de Baiona. Básicamente, proponían el boicot a las elecciones generales que acababan de ser convocadas y, por otro lado, la reorganización del Gobierno vasco que pasaría a ser presidido por el propio Monzón. El intentó resultó un enorme fracaso. Nadie lo tomó en serio. Solo EHAS/HASI abandonó la coalición Euskadiko Ezkerra (en la que participaban junto a EIA, el MCE e independientes). Todos se presentaron a las elecciones. Es cierto que algunos partido, como ANV o ESB cosecharon sonoros fracasos, por su parte, Euskadiko Ezkerra obtuvo un diputado a Cortes y un senador.

Si, en 1977, las organizaciones de izquierda que se reclamaban abertzales hubiesen concurrido unidas (milis y polimilis y sus partidos afines estaba unidos en la Koordinadora Abertzale Sozialista) la historia posterior hubiese sido bien distinta.

viernes, 4 de julio de 2008

La ley de consulta (3)



Aún no había terminado la guerra civil en España y el Partido Socialista Obrero Español estaba dividido y enfrentado en sus facciones: prietistas (seguidores de Indalecio Prieto), negrinistas (partidarios de Juan Negrín) caballeristas (sector obrerista cercano a Francisco Largo Caballero) y besteiristas (el grupo que encabezaban Julián Besteiro y Wenceslao Carrillo). La división afectó asimismo al campo republicano con enfrentamientos armados, la salida de los nacionalistas catalanes y vascos del Gobierno republicano, la represión comunista (con apoyo de la URSS. Hay números libros que cuenta esta parte de la historia, por ejemplo, es muy recomendable -al tratarse de dos ex militantes comunistas, Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo- Queridos Camaradas) y el famoso golpe de estado contra el Gobierno de Negrín encabezado por el coronel Casado y respaldado por el sector besteirista de PSOE.

En 1939, la República española, como régimen político, estaba en disolución y no tanto como consecuencia de la derrota militar, sino porque los republicanos (y, entre ellos, los socialistas) se habían empeñado en acabar con ella. Frente a esto, José Antonio de Aguirre trató de salvaguardar la continuidad de su Gobierno a través de de lo que, entonces, se llamó “obediencia vasca”. En la primavera de 1940, todos los partidos integrados en el Gobierno vasco (el PSOE, también), excepto el PCE, habían firmado el documento (hecho muy criticado por Prieto, por ejemplo).

Prieto creó en México la Junta Española de Liberación que intentaba ser un organismo que agrupase al exilio para preparar el retorno a España tras la caída de Franco. Esta preparación suponía, por un lado, la desaparición de la instituciones del Estado republicano y, por ende, la disolución del Gobierno vasco. No logró esto último y, en 1945, con mediación del lehendakari Agirre incluida, se reconstituyó (aunque de forma efímera) el Gobierno republicano en el que se integraron los sectores enfrentados.

Mientras tanto, en 1940, en las cárceles franquistas, nacionalistas y socialistas comenzaron a sentar las bases para una colaboración futura (son las llamadas Bases de Burgos, ya que se sellaron en la cárcel de la ciudad castellana). En 1945, todas las fuerzas políticas y sindicales vascas sellaban el “pacto de Bayona” y, un año más tarde, se reorganizaba el Gobierno vasco que, salvo la salida del PCE, mantuvo la unidad hasta 1979, año en el que el PSOE lo abandonó.

En todo el periodo de postguerra, tanto el PSOE como el PNV mantuvieron una larga relación que concluyó con el pacto de Frente Autonómico (1977).

En 1974, el PSOE celebró un congreso en Suresnes (Francia) en el que iniciaba la renovación del Partido. Allí el joven Felipe González sustituyó (no sin resistencias)al viejo Rodolfo Llopis. En aquel Congreso, se aprobó el siguiente texto:

“La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado Español, parte indefectiblemente del pleno derecho de autodeterminación de las mismas, que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado Español”.

En el XVII Congreso, celebrado ya en Madrid, se ratificó el ejercicio del derecho de autodeterminación, lo mismo que el Partido Socialista de Euskadi en su primer Congreso: “…el Partido socialista de Euzkadi (PSOE) propugna y defiende el derecho de autodeterminación de Euskadi (con Nafarroa dentro) y de los restantes pueblos que integran el Estado Español”.

miércoles, 2 de julio de 2008

La ley de consulta (2)


El 25 de agosto de 1937, finalizaba la guerra civil en Euskadi. Las instituciones democráticas vascas salían hacia el exilio. Para muchos, comenzaban años de cárcel y represión. No pocos fueron fusilados, en su mayoría, tras una farsa de juicio. La acusación que justificaba estos asesinatos legales era casi siempre la misma: auxilio a la rebelión. Entre 1936 y 1946, unos quince mil ciudadanos de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa (incluidos sacerdotes católicos) fueron ejecutados (con y sin juicios) en las retaguardias franquistas (en estas cifras no se contabilizan, claro, las víctimas de los bombardeos de la aviación sobre población civil ni los caídos en el frente). Casi cien mil ciudadanos sufrieron exilio o destierro, o ambas cosas.

La dictadura militar franquista y postfranquista (1936-1977) en Euzkadi estuvo basada en cinco grandes pilares: el Ejército, las llamadas fuerzas del orden público (FOP), incluida la tenebrosa policía política (Brigada Político Social); una base social que, más o menos, representaba al 30 por ciento de la población, con porcentajes más altos en Araba y Nafarroa (superando en ambos casos el 60 por ciento en ese periodo), la Iglesia Católica (como institución) y la corrupción. Todo estaba relacionado. Los civiles estuvieron, primero, encuadrados en el Partido Único (Falange Española Tradicionalista y de las JONS) y, luego, en el Movimiento Nacional. Formaban una red de alcaldes, concejales, jefes locales y consejeros provinciales del Movimiento, jueces, fiscales, notarios, funcionarios de todo tipo, maestros de escuela,…

La represión fue intensa y extensa. Durante cuarenta años, las libertades básicas (reunión, asociación, prensa, expresión, prensa,…) estuvieron proscritas. El régimen se incautó de medios de comunicación, de empresas familiares, de inmuebles, de obras de arte,… y, por supuesto de sedes de partidos y sindicatos y cualquier tipo de asociación considerada como “no afín” o “desafecta”. Pero, no solo eso.

Los “vencedores” abolieron el Concierto Económico para Bizkaia y Gipuzkoa, consideradas “provincias traidoras” (no se castigaba a los “traidores” de esas provincias, sino a todo el territorio). Abolieron la autonomía y prohibieron la exhibición pública de la ikurriña o el término Euzkadi. Pero, los franquistas dedicaron un especial esfuerzo al exterminio de la lengua (el euskera) y cultura vascas.

En su libro La memoria insumisa, Nicolás Sartorius y Javier Alfaya señalan: “Explicar la dictadura no exige necesariamente contar el papel que cada uno jugó en la misma, aunque eso sería un ejercicio francamente pedagógico e ilustrativo. Ahora bien, se pueden y se deben explicitar las responsabilidades. Por ejemplo, qué instituciones importantes de este país tuvieron un papel en la represión, sin necesidad de dar nombres de los represores, de los confidentes, de los colaboradores, etc. Porque la represión de las actividades antifranquistas no fue una labor exclusiva de las fuerzas de orden público. La participación en esta tarea fue amplísima y participaron en ella estamentos enteros de la sociedad y personas que desde la óptica actual nos parecerían inimaginables. Si con los archivos policíacos hubiese ocurrido en España lo sucedido con los de la Stasi en la Alemania democrática o con los de la PIDE en Portugal, se producirían muchas sorpresas”. Es cierto que el franquismo se ocupó de borra huellas destruyendo no pocos archivos, pero el PSOE se sigue negando a desclasificar los que se han salvado y están en instituciones del Estado.

Da la sensación de que amplios sectores del franquismo pensaban que el régimen, efectivamente, duraría eternamente. Eran felices en aquella mezcla hortera de comedia y tragedia (tan tan bien retrató Luis Carandell en libros como Celtiberia Show o Democracia pero orgánica). Y, por ello, muchos de ellos no dudaron en implicarse (por acción o compresión), ya no en las instituciones del régimen, sino, además, en algunos de los actos más sangrientos y repugnantes del tardofranquismo: desde el juicio de Burgos o los estados de excepción y fusilamientos de 1975 a la matanza de obreros en Vitoria-Gasteiz el 3 de marzo de 1976 y los sucesos de Montejurra en mayo de aquel mismo año. No hay que olvidar que gentes como Marcelino Oreja o Alfredo Marco Tabar (el mismo que hoy encabeza la campaña “a favor de la enseñanza del castellano”) fueron prohombres del franquismo (jerarcas del sindicato vertical, consejeros del movimiento, procuradores a Cortes, alcaldes).

Manuel Fraga, el ministro de Gobernación en los días de la matanza de Vitoria, declarase en a El Universal de Caracas el 12 de diciembre de 1976 que "antes de permitir exhibir esa bandera (la ikurriña), pasarán sobre mi cadáver".

Aún no había acabado aquel año, cuando Manuel Fraga Iribarne, junto a cinco ex ministros de Franco y el presidente de la Hermandad Nacional de Combatientes de la Cruzada, fundaba el Partido Popular (llamado entonces Alianza Popular). Lo hizo en base a una ley de asociaciones que seguía proscribiendo a los partidos políticos democráticos.

Mientras tanto, Adolfo Suárez, el ministro-secretario general del Movimiento, considerado como “aperturista”, había sustituido a Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno y se preparaba para organizar una transición hacia un régimen democrático. Sucedió que, por otro lado, Suárez no tenía partido, así que con la cobertura de un grupo de personalidades franquistas (que iban a acercándose a posturas democráticas), algunos pequeños partidos y coaliciones y, sobre todo, con el apoyo de los gobernadores civiles y la estructura del Movimiento (jefes locales, alcaldes, concejales,…) se montó la Unión de Centro Democrático (UCD).

La UCD, que, como luego se ha sabido (ver Gregorio Morán, Historia de una ambición), utilizó fondos públicos para su campaña electoral, ganó las primeras elecciones generales celebradas el 15 de junio de 1977. Como recuerdan Fernando Jauregui y Manuel Soriano (La otra historia de UCD) más de dos terceras partes de los electos de UCD en las dos primeras legislaturas proceden del franquismo en sus diferentes niveles. Solo Fuerza Nueva (liderada por Blas Piñar) se presentó como franquista. Es entonces cuando tanto el PP (AP) como la UCD comienzan su homologación democrática. Esto dio lugar a diferentes reacciones de franquistas irreductibles como el escritor Fernando Vizcaíno Casas publicase libros como De camisa vieja a chaqueta nueva (los “camisas viejas” eran los falangistas de primera hora) o Al tercer año, resucitó (contaba la reacción de los antiguos franquistas al enterarse que Franco había resucitado).

Paulatinamente, elementos de la UCD (en descomposición) van sumándose a AlianzaPopular que, tras el X Congreso de 1990, pasa a denominarse Partido Popular, aunque mantiene la linea histórica con la AP de 1976.

lunes, 30 de junio de 2008

La Ley de Consulta (1)




El Parlamento Vasco ha aprobado la ley de consulta. Es un paso más hacia la libertad en un largo camino iniciado allá en 1893 en el txakoli de Larrazabal que es cuando Sabino de Arana-Goiri dio a conocer su proyecto a un reducido grupo de personas. Un año más tarde, surgió la primera organización nacionalista en JEL (Jaungoikoa eta Lege Zarrak): el Euzkeldun Batzokija. Un año más tarde, se constituía en Bizkai Buru Batzar, organismo rector del Partido Nacionalista Vasco. Poco a poco, la organización se fue extendiendo y si, hasta 1930, el nacionalismo fue, sobre todo, un fenómeno vizcaíno, desde entonces, también lo fue guipuzcoano. En 1936, el PNV tenía presencia en toda Euzkadi y en algunos países de América.


Tras las elecciones de febrero de 1936, se constituyó la Comisión de Estatutos presidida por Indalecio Prieto que insistió en incorporar a la misma al diputado del Partido Nacionalista Vasco, José Antonio de Agirre-Lekube. Cuando comenzaron las vacaciones parlamentarias de aquel año, el texto ya había sido dictaminado. El entendimiento entre jelkides y socialistas moderados propició que el PNV alcanzase, aunque fuese en parte, uno de sus objetivos históricos: un régimen de autonomía.


Si uno lee con detenimiento los programas de EAJ, se dará cuenta, por un lado, que el eje de la reclamación nacionalista, mantenido a lo largo de 75 años, es la vuelta a la situación anterior a 1838 (para Euzkadi Sur) y 1789 (para Iparralde), lo que, más tarde, conocimos como “reintegración foral plena”. Por otro, y tras el Mensaje de las Diputaciones en 1917, la lucha por la autonomía.


En este tránsito, EAJ-PNV optó por las vías institucional. El mismísimo Sabino fue diputado provincial (en la Diputación, por cierto, coincidió con Prieto) y, aún no había terminado el siglo XIX, cuando fueron elegidos los primeros concejales. Hasta la dictadura militar “de Primo de Rivera” (1923-1931), se producen relevantes éxitos electorales y se alcanza por primera vez (con Ramón de la Sota y Aburto).


El 1 de octubre de de 1936, en plena guerra, se aprobaba el primer Estatuto de Autonomía. Seis días más tarde, se constituía el primer Gobierno vasco de la historia con el jeltzale Agirre como lehendakari. Habían pasado solo 43 años desde el “juramento” de Larrazabal y, en ese tiempo, además, se habían creado la Academia de la Lengua Vasca- Euskaltzaindia, la Sociedad de Estudios Vascos- Eusko Ikaskuntza (cuyo objetivo final era la Universidad Vasca), las primeras ikastolas, cooperativas de consumo. Además, surgieron diferentes organizaciones obreras: Euzko Langileen Alkartasuna (obreros), el Nekazarien Bazkuna (agricultores) o el Tostarteko Bazkuna (pescadores), así como Juventud Vasca (Euzko Gaztedija) y el Emakume Abertzale Batza (mujeres). Aquel año, además de diferentes publicaciones en euskera y castellano, editaba tres diarios: “Euzkadi”, “El Dia” y “La Voz de Navarra” .


En este periodo hay que recordar algunas cuestiones: las derechas son contrarias a cualquier atisbo de autonomía (ha quedado para la historia la frase de Calvo Sotelo en el Frontón Urumea: laEspaña "roja antes que rota") , la Acción Nacionalista Vasca de la época acabó en el Frente Popular español, mientras que amplios sectores del PSOE (comenzando por personalidades con Rufino Laiseca Oronoz, presidente de la Diputación) eran contrarios al Estatuto.


El gran éxito del PNV en aquel momento fue tanto el conseguir un objetivo histórico, como que la autonomía quedase para siempre como el suelo mínimo para la convivencia democrática en Euzkadi.